Queda algunas imágenes desiertas e impacientes por tomar vida. Cada luna es un inicio, un sinfin de cuentos y de historias destelladas de esperanzas y anhelos incompletos.
Desde que el alba se pintó de incertidumbre las noches no terminan y la limerencia desata un mundo de placeres y pequeñas torturas constantes y comunes. Hasta que de nuevo ella, inmarcesible y con la mirada desconfiada de siempre pero sin esos muros alrededor, encontró un poco de paz en los días de arrebol y en las noches de aparente compañía. Se refugió en el calor de un chispazo de ilusión convirtiendo los sollozos en melífluas melodias.
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